Claudia Rodríguez, poesía y activismo en AI 4

Claudia Rodríguez inicia su activismo travesti en 1991, una vez terminada la dictadura militar en Chile. Realizó diferentes capacitaciones en temáticas de Derechos Humanos, Historia de la sexualidad, Prevención del VIH/SIDA y las ITS y Teoría de género. Desde 1997 ingresó como consejera especialista en prevención del SIDA en el proyecto nacional del Ministerio de Salud. En el 2007 tomó el Diplomado de Género en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. En el 2008 inició la carrera de Trabajo Social en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. En el 2007 tomó talleres de escritura con el Poeta Diego Ramírez y publicó su primer fanzine de poesía “Dramas Pobres”. En el 2011 formó la Primera Compañía Teatral Travesti con la obra “Historias Travestis”. Hoy su principal interés es problematizar la lectoescritura y la producción de arte como estrategia política en organizaciones travestis.

 

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En el cuarto número de América Invertida se incluyen tres textos de Claudia Rodríguez en los que explora la tensión entre escritura y cuerpo precisamente para deshacerla. El cuerpo de Claudia es el texto que se escribe y se reescribe, un tejido hecho de nudos que la acompañan en el tránsito a un presente comprometido y que desafía cualquier normatividad.

Los textos que reproducimos a continuación no son los que están incluidos en la revista, aunque pertenecen al mismo conjunto, y aparecen aquí gracias a la generosidad de la autora.

 

IX

Mi país y su fascismo hizo de mi una travesti hambrienta, friolenta, cobarde. Imagínate tener ganas desesperadas por desaparecer y sin sorprenderte ni temer, darte entera a ese placer, a la gratificación de dejar, de des-atarte, de renunciar a todo esto: al hambre, al frío, a la cobardía. De dejarle el mundo entero a los dioses, a los jueces, a los amos inútiles, a todos los fracasados. Pude haber nacido heroica pero me hice cobarde. Soy cobarde por todo lo que pienso, por el crédito que le doy a lo saludable y necesario de lo fijo, por todo lo que no me lleva a pensar en el placer de morir. Por preguntarme ¿que voy a comer mañana? la peregrina inquietud de mi madre… ¿y si no tengo nada que comer, cuanto durare viva? ¿alcanzaran a verme el pellejo pegado a los huesos? !!Que preguntas mas cobardes!! La cobardía de no morir me embarga. Tengo miedo de morir así como de no tener trabajo ni vacaciones, como de no casarme y que venga un terremoto fulminante y me desordene el cajón de los sostenes. Soy tan cobarde como las mujeres heridas que no disparan, que no acuchillan, que no arañan ni escupen a nadie. La cobardía de no morir se va acumulando junto con las armas con las que no matamos a nadie. Somos como este país fascista, no morimos ni dejamos morir en paz, cuando morir podría ser la única decisión propia a la mano, para que se queden con todo ¿que importa? para que se queden sin esclavas y sin amantes, para que se queden con esta vida que no es vida, con este mundo que no es mundo, con este fracaso. Vivo apegada a lo que los terremotos, los volcanes y el mar insisten en separar. Es cobardía no gritar que la ciudad se mueve todo el tiempo y que el mar fluye bajo nosotras.

 

X

Soy la María Dolores. La Dolores del carmen. Me duele todo. Casi no puedo resollar de tanto dolor. Siento que muero quemada pensando en el pasado. Todo lo que he sido me condena. Transpiro de dolor. Mi dolor tiene olor a carbona de ayer. Escribo esperando que haga efecto el ketoprofeno que me mame hace un minuto. Soy una adicta cristiana a los antinflamatorios. Soy una incondicional a dios y a las farmacéuticas. La gente se ríe sin ni un respeto, pero el retener los peos me hace sufrir, me aprietan el corazón y agudiza que el cáncer me coma de a poco como a las arrepentidas. Tengo agarrotada la espalda completa y me cuesta respirar, así que escribo lentamente mis últimas palabras, porque el cáncer me va comiendo toda. Veo como mis órganos dejan de responder. Una infección urinaria me seduce. Adentro todo me suena, pero todo mejora. Por fin la muerte se encuentra con la fea, por fin nos encontramos las iguales para hablar de ciertas cosas. Cuando muera al menos antes habré hablado de la muerte. No sede que se ríen. Me arde todo. No he olvidado nada. Nunca tuve canción. Al menos habré hablado del dolor y la muerte, antes, como iguales. Mi cuerpo ha servido para la pobreza, para el frió y para la muerte. No tengo ese miedo. A ese miedo lo nombro porque siempre está ahí como el frío. Hielo de mierda. País de mierda, Historia de mierda. Ustedes no saben de lo que hablo porque no son travestis. Yo escribo para las travestis, no para ustedes. No duermo escribiendo porque me muero de tuberculosis y no tengo remedio. Chupe tanto pico en la intemperie haciéndome la linda. Acarreo un frío triste desde la infancia, porque nací aquí y no en áfrica. Seguramente un niño africano dirá que acarrea un hambre triste. Yo acarreo un frío que crece tuberculosis porque el sida lo merece, no tengo perdón. Desde que la Dora me pario esto se veía venir. El dolor en la espalda es de frió acumulado, de pena, nunca supe defenderme sola. No tenia futuro. No tengo sanación, nunca fui una cabra chica buena. Desde chiquitito me trague completas las películas de Hollywood y ninguna palabra condescendiente hará que eso cambie. soy una hija travesti, un lastre. Siempre me hice la linda y eso debe quedar establecido en la historia de la dictadura de este país. En Chile nacimos travestis. En la historia debe quedar escrito que soy el resultado de la intervención de estados unidos en este territorio y que me cagó la vida y que el dolor de espalda que no me deja respirar, es porque me deben toda mi vida, porque nunca tengo lo que merezco, porque se llevaron todo lo mío, o se lo repartieron entre ustedes mismos y a mí me dejaron el sida. Ahora aquí nos encontramos las iguales, la muerte, la fea, el frio y el hambre. Hice lo que hice para sobrevivir. Me abrí de piernas todo el rato. Para que otras sobrevivieran. Yo me pondré hedionda y la Dora no lo podrá evitar, ni siquiera cuando ella se muera podrá impedir ella misma, podrirse, destrozarse, caer horrorosa. Al final, su insistente preocupación por mí, por mi bien, que no es otra cosa que únicamente su propio bien y el de estados unidos, ir a dar al cielo, a ese cielo, importara un peo, porque finalmente igual seré indecorosa, igual ella será madre de una hija travesti y seremos dos pobres horrorosas hasta el final. Me muero, porque me duele todo y esto fue la vida, puro frio. Hubo veces que me sentí la reina del mundo y aquí estoy, adolorida, rumiando mi dolor. Evitando respirar para que duela menos. Hubo veces en que me creí tanto la reina, que fue imposible preverme en esta situación de agonía, con olor a carbona, ahogada de dolor, porque tengo los riñones taponeados de cemento seco y los pulmones eso no lo perdonan. Fui tan linda y ahora la propia vida no me lo perdona. Siempre le desobedecí. Nunca hice lo que la Dora me mando. Ahora mi cáncer se lo debo a dios, por haberme hecho la linda. Que por haber nacido aquí, creyera que la fiesta era mía.

 

N.B.: Se ha mantenido la ortografía del texto original, que responde a una de escribir poesía: “Claudia no tiene reglas al escribir, no separa diálogos, juega con la ortografía, y esto hace honor inconsciente a su vida ya que la calle no tiene reglas definidas y que sobre su cuerpo ningún legislador se ha atrevido a normalizar. Por lo tanto, su escritura es muestra el de su propia vida, sin normas, sin reglas, sin bajar la cabeza.” (Del prólogo de Williams Viveros al Manifesto horrorista y otros escritos de Claudia Rodríguez)

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