Agustín Espinosa, poeta inastronómico.

En estos primeros días de 2020 es noticia el paso a dominio público de las obras de 181 autores, fallecidos en 1939.

Entre ellos, naturalmente, está siendo destacada la figura del poeta Antonio Machado, a quien Tommaso Koch dedica este artículo hoy en El País. No hablaremos hoy de Machado, sin embargo, pero sí de poesía, pues entre esos autores que acaban de pasar a dominio público se encuentra Agustín Espinosa, considerado como uno de los principales representantes de las vanguardias literarias en las Islas Canarias.

Nacido en el Puerto de la Cruz de Tenerife en 1897, su obra incluye poemas, relatos, cartas, diarios, conferencias, ensayos y una pieza teatral. Siendo ya catedrático de bachillerato en distintos institutos de las Islas, Espinosa viajó a París en 1930, donde se imbuyó del movimiento surrealista francés al que admiraba y estudiaba, y con cuyos miembros entabló en la capital francesa una relación de amistad que culminó con la participación de André Breton y Benjamin Péret en la Exposición Surrealista de 1935 celebrada en el Ateneo de Santa Cruz. Solo un año después, el estallido de la Guerra Civil convirtió a Agustín Espinosa en un autor y profesor perseguido y amenazado. La pérdida de su cátedra y las continuas amenazas motivadas por su condición de “inmoral” lo sumieron en un estado tal de terror que acabó muriendo en enero de 1939, a la edad de 42 años.

El corpus poético de Espinosa comienza con “Noche de Polichinelas”, un primer poema en serventesios alejandrinos de corte claramente modernista, publicado en 1917. La influencia del modernismo del Darío de Prosas profanas en este y en otros poemas posteriores ha sido estudiada por María Isabel Heredia en este ensayo publicado en Memoria Digital de Canarias (ULPGC). Será en 1927, con la aparición de sus “prosas exactas” en la revista La rosa de los vientos (de la que fue cofundador), cuando Espinosa comience a alejarse del modernismo en busca de un estilo personal que conjugara el juego musical entre palabras con otros juegos formales y arriesgadas metáforas que incluían neologismos acuñados por el propio Espinosa. Este será el estilo que encontraremos también en sus ocho composiciones en verso que constituyen, aparte de lo mencionado, su corpus poético. Esas ocho composiciones, incluidas en el libro Poemas a Mme. Josephine, publicado en 1932, conforman una lectura maravillosa en la que Espinosa consigue zafarse de toda etiqueta, pues en ellos se observan todas las tendencias de la época sin ser ninguna la predominante: desde los ismos que ya había puesto en práctica en textos anteriores (surrealismo, futurismo y ultraísmo) a los elementos populares del poema núm. 3, pasando por el canto ramoniano a la mirada de los poemas núm. 1 y 8.

Recomendamos, además, la lectura de una de sus obras más conocidas, Lancelot 28º 7º, en la que Espinosa propone la fundación mitológica de la isla de Lanzarote (Lancelot) a la manera de los grandes espacios mitológicos narrados por Homero, Virgilio o Ercilla. El libro incluye dos composiciones en verso, pero todo en él es poesía:

Que en 2020 leamos muchas cosas, incluyendo a Agustín Espinosa.

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