Reseña: R.I.P. (Rest in Plastic) de Azahara Palomeque

el

Azahara Palomeque, R.I.P. (Rest in Plastic), RIL Editores-Ærea | Carménère, Santiago/Valparaíso, 2019, 96 págs. ISBN: 978-956-01-0663-6.

AZAHARA

R.I.P. (Rest in Plastic) es el tercer poemario de la poeta, escritora, investigadora y educadora Azahara Palomeque. Tras American Poems (Isla de Siltolá, 2015) y En la Ceniza Blanca de las Encías (Isla de Siltolá, 2017), su nuevo libro descansa sobre las bases asentadas en su obra anterior, donde el lenguaje es forma y contenido, herramienta y obstáculo, pero esta vez añadiendo las implicaciones del plástico. A través de sus poemas el lector va descubriendo el simbolismo de esta “monstruosidad del plástico”, que, como afirma Alberto López Martín en su prólogo, es triple: por un lado, representa el “drama ecológico” y la degradación del planeta; por otro lado alude al material que sobrevive a la carne, a la putrefacción, a la descomposición; y, por último, hace referencia a lo artificial, a lo antinatural.

En R.I.P. (Rest in Plastic) el tiempo avanza hacia el futuro distópico de las encías llenas de barro, de la eternidad que se pliega “en los regazos del lodo” (en “La eternidad”), de los cuerpos encerados y de los insectos que nos sobreviven. Hay un tiempo que pasa por encima del cuerpo que se comporta como carcasa y “vive al borde de las sebes”, que olvida (en “Tiempo, si pasa”). Pero también hay un “tiempo sin exilio”, que ordena cerrar los ojos, caminar, olvidar, bailar (en “Tiempo sin exilio”). Y, con el plástico, y con la decrepitud y la podredumbre, llega una postura eterna llena de insectos y bichos, donde la esperanza no es más que una “vieja estima de postales con dirección / ilegible” (en “Esperanza”).

En el poemario, el lenguaje se convierte en el arma que empuñan los poemas, cual fusil que apunta hacia el declive. Pero también es el fantasma que se desmaterializa, la palabra como frontera, cuando Palomeque anuncia que está “perdiendo el lenguaje” (en “Alguien no me autoriza a hablar como vergel”). Es un habla que se diluye, igual que se difumina la identidad de la exiliada, “vacante de identidades” (en “Nocturno del humo, II”). En el ambiente de la decadencia del plástico, la poesía ya no está compuesta de versos, sino de ripios que se cuelan por las rendijas de ese lenguaje extraño. Y como el lenguaje se está esfumando, aparece entonces la reproducción de algunos cuadros de la poeta, ilustrando el humo, inyectando de materia plástica las palabras y los versos.

R.I.P. (Rest in Plastic) es un poemario que constituye un grito, un alarido que nos despierta, una llamada a la acción que nos advierte de en qué nos estamos convirtiendo. Que necesita desesperadamente la “boca de antes, aquélla que no temía la pregunta: / Qué va a ser de ti” (en “Oda al Bruxismo, III”), que busca hablar en un idioma nuevo, donde la imagen, literalmente, se convierte en lenguaje, donde “nada / ya no es metáfora de nada” (en “Nada”), y donde el cuerpo se resiste a no ser más que carne. Como anuncia López Martín, es, sobre todo, “un tratado de descomposición (física, identitaria o cultural, entre otras)”.

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